Toneladas de amor

El folio está en blanco. Lo miro como un pintor sin inspiración mira un lienzo vacío, pues soy incapaz de escribir algo coherente. Agacho la cabeza y la sujeto entre mis dos manos. Sobre los codos tengo apoyados los brazos en la mesa, para que, a su vez, sean el soporte de las manos que sujetan mi cabeza. Sé que están -lo siento así- haciendo un sobreesfuerzo físico para soportar los pensamientos que contiene la mente que aloja en su interior ¡Mi mente! ¡Esa mente fallida y maltrecha! Porque esos pensamientos, que se nutren desde el corazón y no desde la razón, pesan más de lo que es humanamente soportable. Y mi corazón hace tiempo que trabaja a destajo y sin descanso, fabricando pensamientos que se almacenan en la mente. Por eso pesan toneladas. Toneladas de esperanza. Toneladas de tristeza. Toneladas de melancolía. Toneladas de amargura. Toneladas de nostalgia. Toneladas de desesperación. Toneladas de dolor. Toneladas de amor.

Aún así, quería escribir como me siento. Poner por escrito los sentimientos, libera peso emocional. Pero pienso… ¿Para qué…?, si ya no importa, porque, total, ya no estoy vivo. Mi corazón aún late, sí, pero mi alma está muerta ¡Estoy muerto! El nexo que me unía a la vida se rompió y no es posible repararlo.

Continúo sin moverme hasta que un pequeño resquicio de vida y esperanza, salido de algún rincón oculto, me empuja a sobreponerme ¡A que al menos deba intentarlo! Me insinúa que si hiciera un último esfuerzo, quizás, ¡sólo quizás!, podría volver a engancharme a la rueda de la vida y superar la decepción de ese rechazo.

Pero me siento incapaz, física y emocionalmente ¡Es mucho peso para mis débiles fuerzas! Y vuelvo a pensar… ¡Qué más da…, si total, los muertos ni sufren ni sienten!

Sin pretenderlo, hago, involuntariamente, un ligero movimiento de la cabeza sin dejar de apoyarla en las manos; lo suficiente para que mis ojos puedan volver a ver la página en blanco. La miro y no la reconozco. Me tomo un tiempo. Mucho tiempo. Quizás horas. Quizás días. Soy incapaz de medirlo.

Por fin, sin saber cómo ni de dónde saco las fuerzas, consigo liberar mi mano derecha y dejar todo el peso de la cabeza a la mano izquierda, que aguanta como puede.

Y vuelvo a intentar respirar…, a intentar escribir…, a intentar el milagro de resucitar… Sólo para retomar la ilusión de proponerme conseguir, de nuevo, una vez más, que ahora sí me ame.

Publicado por Sergio Alonso

Sin amor, la vida es hacer tiempo.

2 comentarios sobre “Toneladas de amor

  1. Me alegro que te guste, aunque no refleje momentos alegres, sino nostalgia. Pero todos nos hemos sentido en algún momento como la persona del relato. Aunque espero que no sea permanente esa sensación, porque sería malo. Bssss

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  2. Un relato lleno de fuerza y sentimiento, me gusta mucho.
    Expresar las emociones es liberador, todos en algún momento nos sentimos perdidos pero la vida sigue siendo bonita y tenemos que vivir cada instante y ver las cosas bellas de cada momento.
    No dejemos que el corazón lo gobierne una mente salvaje.

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